Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Hablar en paz

Al parecer, tanto en Israel como en Chile seguiremos viviendo tiempos de división, mientras en Israel enfrentamos un nuevo proceso eleccionario, Chile pareciera volver a las divisiones de antaño. Las redes sociales, principalmente, son el campo de batalla en donde nos vociferamos a quemarropa. En el debate público, incluso los políticos pierden los estribos. Pareciera ser que en estas discusiones hace falta un poco de respeto, un diálogo que llame a la calme, que no depende de ninguna opinión política. Ningún político o parlamentario puede autoproclamarse dueño de este diálogo de calma, incluso a veces pareciera que ya no hay vuelta atrás. Quien osa a hablar en forma respetuosa es simplemente ignorado, como dice el tengo “el que no llora no mama”, es como si sin gritar no pudiésemos hacernos escuchar, creyendo, inútilmente, que si gritamos más seremos más escuchado.

Debemos frenar esto, antes de llegar a un punto de no retorno.

Así sucedió con los hermanos de Yosef, como leeremos en esta Parashá.

La parashá comienza relatando los eventos que le ocurrieron a Yosef y sus hermanos. Ya al comienzo de la misma reconoce la falta de comunicación entre ellos. Los hermanos lo ven a Yosef, el “preferido” de todos los hijos de Yaakov y ven esta preferencia con mucha rabia, rabia que roza el odio:

“Cuando vieron sus hermanos, que a él amaba su padre – más que a todos sus hermanos – ellos le odiaron y no pudieron hablar con él en paz” (Bereshit / Génesis 37:4).

De tanto celarlo, y odiarlo, ya no podían dirigirse hacia él con calma, con respeto. Hay muchos comentarios y respuestas al por qué lo odiaban tanto los hermanos. Entre esos comentarios hay quienes dicen que era el mismo Yosef el responsable por su odio, cuando comenzó a hablar mal de sus hermanos. Nos comenta el Rav Shelomó Efraim de Luntshitz, el Kelí Yakár en su comentario a la Torá, que incluso si hubiesen querido (los hermanos) dirigirse a Yosef “BeShalom”, en paz, ya era muy tarde y no lo hubiesen logrado. El odio superó al amor este caso, impidiéndoles salir del mismo.

 

Estamos acercándonos a ese peligroso punto, al lugar del que no podremos regresar. Es momento de mirar a nuestro interior, antes de tirar palabras al viento, antes de que nuestros dedos intenten insultar a alguien con una grosería, vamos a preguntarnos si a caso podemos hablar con él, con ella, en paz.

Seguramente estos hermanos se sentían pasados a llevar por la relación entre Yaakov y Yosef y hubiesen querido expresar su dolor y su malestar, su descontento, pero el odio les cerró la puerta, ya no podían “hablarle en paz” no lo podían hacer.

Aun estamos a tiempo…

Shabbat Shalom.