Hay ausencias que no dejan un vacío. Dejan una presencia que se instala en la vida cotidiana y ocupa lugares que antes parecían insignificantes: una silla, una fotografía, una habitación, una conversación que quedó pendiente.

El 7 de octubre de 2023 dejó muchas de esas ausencias. También dejó cinco nombres que forman parte de nuestra comunidad chilena en Israel: Loren Garcovich, Itay Berdichevsky, Noa Glasberg, Tomer Shpirer y Gina Pak.

No queremos recordarlos solamente por sus nombres. Queremos recordar qué les ocurrió.

Loren Garcovich vivía con su esposo, Ivan Illarramendi, en el kibbutz Kissufim. Durante semanas permanecieron desaparecidos, mientras sus familias esperaban encontrarlos con vida. Entre las cenizas de su casa apareció un pequeño aro que Loren llevaba en la nariz, junto a restos de munición. Tras un complejo proceso forense, se confirmó que los restos pertenecían a ambos. Habían sido asesinados y sus cuerpos, quemados. Fueron encontrados juntos, en un último abrazo. Pasó más de un mes antes de poder confirmar sus muertes.

Itay Berdichevsky vivía en Kfar Aza con su esposa, Hadar, y sus mellizos, Roi y Guy, de apenas diez meses. Cuando los atacantes irrumpieron en su casa, Itay y Hadar escondieron a sus hijos. Ambos fueron asesinados. Los bebés permanecieron unas trece horas solos, junto a los cuerpos de sus padres, hasta ser rescatados. Roi y Guy sobrevivieron.

Noa Glasberg, hija de una chilena, tenía 39 años y vivía en Ein Hashlosha. Aquella mañana, los atacantes entraron en su casa y la asesinaron a tiros. No hubo un campo de batalla. Entraron en su hogar y la mataron.

Tomer Shpirer, hijo de madre chilena y padre de dos hijos, había salido a entrenar en bicicleta cerca de Mefalsim. Cuando comenzaron las sirenas intentó ponerse a salvo, pero recibió disparos y quedó gravemente herido. Aun así, alcanzó a llamar a un amigo para pedirle que les dijera a su esposa y a sus hijos que los amaba. Fue su último mensaje.

Gina Pak llegó desde Chile a Israel en 1954, a los 21 años, y pasó casi toda su vida en Kissufim. Allí construyó su hogar, tuvo hijos, nietos y bisnietos. El 7 de octubre se refugió en la habitación segura de su casa. Los atacantes entraron, la sacaron de allí y la asesinaron. Tenía 90 años.

Cinco personas. Cinco vidas arrebatadas en unas pocas horas.

No son cinco cifras ni cinco nombres en una lista. Son cinco personas cuyas muertes dejaron espacios que nadie puede ocupar.

La vida siguió. Los niños crecen, las familias se reúnen, las mesas vuelven a ponerse. Pero la ausencia no permanece vacía. Ocupa el lugar en la mesa, la fotografía, el cumpleaños, la memoria. Ocupa ese instante en que alguien todavía espera escuchar una voz que sabe que no volverá.

Estamos aquí. Ellos no. Y precisamente por eso, siguen estando entre nosotros.

Recuerda sus nombres. Repite sus historias:

Loren. Itay. Noa. Tomer. Gina.

Para que su ausencia siga ocupando un lugar en nuestra mesa, en nuestra comunidad y en nuestra memoria.

 

Yael Camhi