Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Vomítame tierra.
En el lenguaje cotidiano, coloquial, la expresión “Trágame Tierra”, se utiliza para manifestar una sensación de vergüenza. Como si quisiéramos desaparecer por debajo del suelo, para no presenciar nuestra propia vergüenza. Seguramente el dicho tenga su origen en algunas historias del relato de la Torá. Nuestro texto más sagrado, recurre a esta descripción en la historia de Koraj (Bemidbar / Números 17:32) cuando en su revuelta, mueren tragados por la tierra, Koraj, el líder de la revuelta contra Moshé, y todos sus secuaces junto a él.
Si al decir esta frase, nuestra intención es indicar nuestra vergüenza, ¿Cuál sería la frase contraria? ¿Existe un antónimo para el famoso “trágame tierra”?.
Al parecer, de acuerdo a lo que nos enseña una de las Parashot de esta semana, Ajaré Mot, la tierra escupe o vomita, a quienes no actúan en forma adecuada, a quienes se salen del camino correcto.
El capítulo 18 del Sefer Vaikrá (Levítico) enumera una lista de lo que en hebreo se conoce como “Araiot”, Relaciones íntimas prohibidas. Más allá de los detalles de las mismas en si, que serán tratadas posteriormente con mucho detalle por las fuentes judías en la literatura rabínica; las relaciones incestuosas, pueden ser interpretadas como el máximo símbolo de la decadencia humana, en el sentido en el que representan el “no-control” de nuestros impulsos.
Casi cerrando el mismo capítulo, la Torá nos dice:
“De este modo, la tierra no los vomitará expulsándolos, por la impureza que le hayan provocado, como sí ha hecho con otros pueblos que han estado frente a ustedes” (Vaikrá / Levítico 18:28)
La tierra tiene la capacidad de reaccionar a nuestros actos, nos puede escupir, botar o expulsar si no nos comportamos de la forma adecuada. Algunos pensarán de inmediato: “Esto es lo que pasa con el Corona”. No es este un artículo de Teología, pero podemos estar tranquilos de que el virus no es un castigo divino. La forma tan abrupta en la que se expandió el mismo virus, es consecuencia de la forma de vida del mundo globalizado, hiper-conectado, y no la voluntad de Dios para destruirlo, porque si así fuera, no estaría funcionando, el virus está dentro de todo bastante controlado. Probablemente sea la misma forma de mundo globalizado, la hiper-comunicación y el contacto entre distintos países lo que nos lleve a encontrar una solución a la crisis.
De todos modos, la idea de que la tierra no nos expulsa como por mandato divino, sino que como consecuencia de nuestras propias acciones, la trae como exégesis, RaSHI, quien basado en un Midrash (Sifra Kedoshim 12:14) nos enseña lo siguiente:
“Esta enseñanza se asemeja al hijo de un rey, a quien le han dado un alimento repulsivo, repugnante, cuyas entrañas no lo pueden resistir, no quedándole otra opción que expulsarlo. Así sucede con la tierra de Israel, que no puede resistir en sus entrañas a quienes transgreden las normas”.
A la luz de estas lecciones, cabe preguntarse: ¿Somos lo suficientemente meritorios de ser tragados por la tierra, o acaso la misma está por vomitarnos, por escupirnos? ¿Con qué alimentamos nosotros nuestra tierra? ¿Será que como en el ejemplo del Midrash, la podemos alimentar con alimentos podridos, con alimentos que finalmente los “vomitará”?.
La sola idea de que la tierra pudiera tragarnos no vomitarnos suena de cualquier forma, estrafalaria y hasta espeluznante. Sin embargo, la invitación de la Parashá, es nuevamente, a hacernos cargo de nuestras acciones sin culpar a terceros, sea este el gobierno, un virus o hasta el mismísimo Dios.
Shabbat Shalom.
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