Cada medio de comunicación tiene su línea editorial y elige la manera que mejor le parezca el enfoque que le da a las noticias que publica. Y eso está bien, ya que nos permite optar por cómo queremos informarnos y tener a nuestro alcance perspectivas diferentes.

Podemos no estar de acuerdo con un punto de vista u otro. Y eso, también está bien, eso es libertad de información.

Pero en el momento en que un medio (o varios) toman información falsa o tergiversada, basada en fuentes poco confiables, la cadena de información al usuario se intoxica y se convierte en una especie de teléfono roto, que irresponsablemente transmite ideas que van a influir en la opinión pública, privando a los lectores de la verdad.

Esto ya lo venimos viendo con ciertos medios chilenos cuando informan sobre Medio Oriente, especialmente cuando hay chilenos involucrados, como por ejemplo las mal llamadas “flotillas humanitarias”, alimentando una narrativa falsa y prestándole ropa a protagonistas sospechosamente vinculados con grupos terroristas, que claman llevar ayuda humanitaria a Gaza, rompiendo ilegalmente un bloqueo en zona de guerra que está totalmente alineado al derecho internacional y marítimo, pero que al final, dentro de los barcos no hay ni un kilo de harina.

Se puede apoyar a los civiles en Gaza, se puede mostrar empatía por víctimas de guerra. Lo que no es correcto es que los medios usen su alcance para reproducir ideas ligadas al terrorismo, elevando narrativas tóxicas, que no solamente no informan, sino que también afectan directamente los chilenos que viven esa realidad en Israel.

Cuando la Comunidad Palestina reclama una y otra vez que el actual gobierno no condena a Israel, o que no se ha manifestado por los compatriotas viajando en estas flotillas, medios como Bío Bio, por ejemplo, le prestan sus micrófonos y sus espacios en línea a organizaciones que no tienen ningún interés en el bienestar de Chile ni en aportar en algo positivo. Organización vinculada a la Autoridad Nacional Palestina, que sigue pagándole sueldos a terroristas para cometer atentados contra civiles israelíes, y que podría haber chilenos entre las víctimas (que ya hubo).

Este tipo de periodismo mentiroso es una vergüenza y un peligro. Los medios se convirtieron en títeres del terrorismo, replicando panfletos de Hamas y de la Jihad Islámica, sin siquiera chequear qué es lo que realmente está pasando, y no, eso no los daña a ellos directamente como medio, sino que daña el derecho a la información real que merece una sociedad como la chilena, tan lejana al conflicto, pero con ganas de saber qué es realmente lo que pasa.

 

Siván Gobrín

Periodista , vocera y  vicepresidente de la CCHIL.

 

 

Ilustración de  Yael Camhi