El 8 de diciembre de 2025, el presidente Boric anunció oficialmente la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU durante su alocución a la 80 Asamblea General de esa institución en New York.

Un movimiento político sorprendente, casi tan sorprendente como que en ese mismo discurso tratara al presidente de USA, Donald Trump, de mentir en relación al tema del cambio climático , el mismo Donald Trump que puede vetar a cualquier candidato con solo decidirlo.

Así que la sensación fue de que mató la candidatura antes de que naciera, pero a pesar del accionar irreflexivo del presidente chileno la candidatura no ha fenecido, al menos formalmente.

Entonces la pregunta es si es o no positiva para el mundo esta candidatura en general, y si en particular cuál es el significado para Chile, dos preguntas que no necesariamente coinciden en la respuesta.

A modo general es dable decir que existe evidencia suficiente para considerar que el nuevo presidente electo le debiese quitar el apoyo a la señora Bachelet.

Primero porque una de las características principales de quien dirija la ONU debe ser su capacidad de confrontar a las potencia y alinearlas frente a las decisiones de la ONU. Como Alto Comisionado Bachelet mostró justo lo contrario.

Fue blanda o guardó silencio frente a dictaduras como China, Cuba, Venezuela, Irán, Corea del Norte, pese a abusos graves y bien documentados.

 En el caso de China/Uigures, evitó usar términos clave y postergó informes, debilitando el sistema de DD.HH.

Segundo, aplicó un doble estándar, siendo mucho más dura con democracias como USA e Israel que con regímenes autoritarios como China, Cuba , Irán o Arabia Saudita, lo que de inmediato siembra sospechas sobre un sesgo ideológico importante en Bachelet. Su vínculo incondicional con Cuba es bien conocido y ciertamente no algo que un Secretario General de la UN puede sostener.

Tercero ,tiene bajo apoyo en su propio país, su segundo mandato como presidenta chilena Bachelet lo terminó con apenas con el 15 por ciento de apoyo, derivado de varios elementos tales como la mala gestión de los recursos públicos, mala gestión macroeconómica,  corrupción, escándalos, conflictos de interés,  que incluso involucraron a su propia familia, un récord incompatible absolutamente con la transparencia que requiere un Secretario General.

Por todo lo anterior Michelle Bachelet no es buena para las democracias occidentales, y en particular no es buena para Chile, porque persistir en su candidatura sería premiar su mala gestión como presidenta y como Alta comisionada e hipotecar nuestro buen nombre en las manos de un político que trajo división en Chile, la que culminó en un estallido social sin precedentes y que llevó al poder al delfín de Bachelet. Gabriel Boric, el peor presidente del Chile pos dictadura.

Hernán López, Nicole Rosenbaum, Walter Ben Artzi.