Cuando se habla del legado de Rabin, generalmente se asume todo lo referente al Acuerdo de Oslo, en ese sentido se lo afronta desde la nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Algunos incluso van más allá y se aferran a esa modelo de paz como la única opción posible desafiando cualquier consideración histórica o lógica.

En mi opinión, la herencia de Rabin está vinculada a lo que hizo en su vida entera, y no sólo en la parte final de ella, en ese sentido, la herencia de Rabin esta en las condiciones estratégicas y militares que permitieron la persistencia del Estado de Israel, en un contexto de amenaza existencial.

Es así, como desde su lucha contra el Mandato Británico, que lo llevó a la cárcel en 1946, se formó en él la doctrina de defensa del Ishuv, en ese momento, y del naciente estado, un par de años después.

Yo vivo en el Kibutz Gezer, que da un ejemplo trágico, pero clarísimo de la doctrina de Rabin. En 1948 la Legión Jordana ataca el kibutz Gezer, el único asentamiento judío en todo el valle, y es el comandante Rabin quien ordena a las fuerzas del Palmaj tomar Tel Gezer y no apoyar a la pequeña y mal armada fuerza de kibutznikim que defendía su posición, siguiendo sus órdenes, por lo demás. Esa decisión costó la vida y la prisión de casi todos los kibutznikim, pero le dio una ventaja táctica al Palmaj, al tomar el control del punto mas alto del valle, que a los pocos días le permitió controlar todo el valle de forma absoluta.

Firmado el armisticio con los árabes, en el mismo kibutz Gezer, las fuerzas judías procedieron a trasladar miles de árabes fuera de las fronteras del territorio conquistado, en una decisión que sería cuestionada internacionalmente por años, pero que permitiría garantizar las fronteras seguras del nuevo Estado de Israel.

Entonces, ¿cuál es el legado de Rabin realmente? Garantizar fronteras seguras, o al menos defendibles, que nos den la opción de desarrollarnos y vivir en paz.

Lo mismo ocurriría en 1967 en una forma más extendida de la misma idea. Israel procedería a tomar control de Jerusalén Este, Cisjordania, los Altos del Golán y el Sinai, completando un mapa que, para las condiciones de guerra de la época, hace de Israel un lugar viable en términos de defensa y que está en mejores condiciones para negociar con las potencias derrotadas la paz. Es exactamente lo que se hace con ese espíritu en las negociaciones previas a Oslo, incluida la firma del acuerdo de paz con Jordania. Incluso durante el diseño de Oslo, Rabin se guarda siempre la posibilidad de mantener un control de la seguridad dentro del territorio de la ANP.

Entendió siempre que la precondición de la paz es que la integridad de nuestra población y nuestro territorio esté en nuestras manos. En ese sentido la realidad política actual, por ejemplo, en Gaza, donde Israel no tiene libertad de acción militar sin generar un casus belli, es justo lo opuesto a la doctrina de Rabin.

No es pues el legado de Rabin un acto de sacrificio nacional en pos de la paz, tampoco es un acto de concesión a los árabes, el legado de Rabin es el entendimiento de que la paz pasa por la garantía de fronteras seguras y defendibles que aseguren que nuestra existencia esté siempre en nuestras manos y no en condiciones externas a nosotros.

Hernán López