Fotografía: Xaviera González Ellenberg

Si hay algo que es doloroso para Israel y para los judíos por extensión , es el tema de los secuestrados. Es doblemente doloroso, primero, porque no parece tener solución y, segundo,  porque el mundo es cada vez menos empático al respecto.

Esto lo saben perfectamente nuestros enemigos y es su arma más efectiva y eso hay que entenderlo.

Desde el minuto uno Sinwar fijó como prioridad el secuestro, incluso más importante que la invasión territorial, entendió de inmediato que no sólo era su seguro de vida personal, sino que era el único elemento que le permitiría plantear algún escenario de victoria simbólica frente a Israel

Mucho se ha hablado de cuanto Sinwar entendió la sicología israelí, y las lógicas del poder en Israel, y en ese sentido la política militar del secuestro, desde mucho antes que Hamas existiera, era usada por el terrorismo palestino con eficacia.

Ahora el tema mediático de la hasbará judía es complejo porque en su afán de cautivar a la audiencia simplifica hasta el absurdo, plantea un escenario imposible,  los rehenes no serán liberados a través de campañas publicitarias, sino a través de una acción militar o diplomática.

El elefante en el salón es la pregunta de cómo diablos después de meses de guerra dentro de Gaza y ya controlados tres cuartos de la Franja aun no somos capaces de liberar prácticamente a nadie. Pues la respuesta es evidentemente dolorosa también, porque no pudimos.

O sea, la primera forma de liberar a los rehenes tiene pocas o ninguna posibilidad de éxito. La segunda, la dilomacia depende de actores externios a Israel y Hamás, y por ahora las mchas variantes que se han tratado, todas han fallado estrepitósamente,

Se sabia desde e inicio del avance militar que las posibilidades de rescatar a los secuestrados eran pocas, y que los otros objetivos planteados por el gobierno no necesariamente iban de la mano de ella.

Destruir a Hamas en Gaza y eliminar a Sinwar no era lo mismo que liberar a los rehenes porque negaba la opción de negociar, no puedes negociar con alguien que sabe que el día siguiente que devuelvas los rehenes va a estar muerto.

Tampoco la acción militar se dio con la rapidez suficiente como para cumplir todos los objeticos al mismo tiempo. La guerra en Gaza fue, y sigue siendo, inmensamente compleja y no fue ningún paseo por el parque. La guerra urbana, la densidad de población civil, las deficiencias en al mando de tzahal, el insuficiente numero de efectivos, la falta de munición adecuada, la apertura del frente norte, la posibilidad constante de escalar en un conflicto regional…todo eso y más, hicieron que la guerra fuese lenta.

Pero eso tampoco fue una cosa que no se supiera de antemano, el ejercito plateo de entrada que esto demoraría un año o mas

Simplemente que en el camino nos fuimos agotando de todo esto.

Matar gazaties, en los números que se han dado, es algo que también era previsible, pero es un precio, que no teníamos totalmente asimilado que seria tan alto en sus dimensiones morales y políticas.

El golpe ejemplificador que era necesario dar, de manera que nadie en el mundo árabe osara nuevamente atacar a Israel, se hizo. Claramente Beirut teme que Israel haga con ellos lo que hicimos con Gaza. Pero occidente, y sus sistemas de valores elástico corrió rápidamente a condenarnos y a aislarnos por actual con esta violencia necesaria.

En mi opinión, y lo he dicho varias veces, aunque a nadie le ha gustado oirlo, la liberación de los rehenes, como en toda guerra, se cerrará sólo cuando el conflicto termine.

Entonces, es completamente comprensible el cambio de estrategia de las familias de los secuestrados que ya no tienen más paciencia y, al menos parte de ellos, atacan directamente al gobierno como responsable directo de que sus familiares sigan en Gaza.

No voy a juzgar a las familias, NADIE puede hacerlo, nadie sabe, entiende o imagina si quiera el dolor por el que pasan.

Pero si voy a insistir en que los demás debemos asumir que este conflicto se extenderá y la solución de los secuestrados seguirá doliendo, aun después del día de la liberación, Sera una herida eterna en nuestra alma colectiva.

Pero tampoco hay que olvidar que hemos hecho lo necesario, 600 soldados han caído en la guerra de Gaza, 600 vidas no menos valiosas y hermosas que las de los rehenes.

La lógica de la política y la de la guerra es despiadada, se hace lo necesario por cuidar el beneficio de los más, y eso implica el sacrificio de los menos. Eso hay que entenderlo. Esa es la realidad, hay que asumirla, con todo el dolor que eso implica.

Seguiremos en guerra hasta que termine esta y se inicie la que sigue, porque nuestros enemigos no cesaran en sus intentos de destruirnos, y nosotros, obstinadamente seguiremos defendiendo nuestro derecho a existir.

Quisiera que esta guerra terminara ahora, quisiera que Hamas fuera derrotado y que los secuestrados volvieran a casa Pero hace tiempo ya descubrí que la realidad no esta constituida por los deseos, sino por los hechos. Solo la acción de un ejercito indiscutiblemente superior, y de un mando político claro pueden darnos una salida.

Por ahora no tenemos ni lo uno ni lo otro, pero estamos trabajando en eso. Como dijo el comandante de la brigada 98 tenemos que estar a la altura, tenemos que estar ahí para nuestros soldados que están en batalla, y también para nuestros secuestrados.

No debemos confundirnos, el gobierno no es nuestro enemigo, nuestro enemigo es Hamas y todos aquellos que están detrás de el y a su lado.

Cada uno desde su trinchera en Gaza, Israel o Chile, cada cual en su rol y en su obligación debe dar el máximo por defender nuestra unidad, porque solo en ella está la victoria real.

Sinwar decidió atacar porque olió nuestra fragmentación, nos vio peleando unos con otros, intuyó nuestra debilidad, y su intuición fue correcta. Pero no entendió algo fundamental, nuestro instinto de sobrevivencia es superior, y nos unimos, rápidamente en un puño que arrasó Gaza.

Pero el germen de la debilidad es algo que es pate de nuestro ser colectivo, somos de muchos tipos y muchas formas, y no convivimos realmente en la armonía, sino en la discordia Eso debe parar, debemos aprender de lo ocurrido, de otra forma, nos volverá a pasar.

El peligro es grande, inmenso, existencial. Unidad, unidad, no hay otra alternativa.

Hernán López