Ser la voz de los desaparecidos ha sido uno de los actos más dolorosos y complejos de la vida política chilena. La condición violenta y cruel del desaparecimiento, y la eterna muerte que implica la búsqueda sin esperanza de sus restos, lo hace un elemento que difícilmente Chile superar.

En la narrativa judía chilena de la dictadura, Diana Aron ocupa ese lugar, como un caso extremo de violencia política y antisemitismo. Los datos que se tienen de su detención, tortura y desaparición, dicen que su torturador, Miguel Krassnoff , se habría ensañado particularmente con ella por el hecho de ser judía. El dato de que Krassnoff fuera hijo y nieto de antisemitas criminales de las guerras europeos, responsables de la muerte de cientos de judíos, le da un tinte inmensamente más simbólico al caso.

El 18 de noviembre se cumplieron 47 años de su desaparición, tiempo inmenso en que su nombre se ha hecho símbolo, y como todo símbolo es multivalente

Los muertos no hablan, y son los vivos los que llenan de sentido político las circunstancias de su vida y de su muerte.

El relato mas instaurado es el de la izquierda antifascista, que busca venganza justa en la cárcel de su victimario. El hecho de que el actual candidato a la presidencia, José Antonio Kast, en algún momento planteara duda sobre la responsabilidad que se le asignaba a Krassnoff sobre las múltiples violaciones de derechos humanos, ha sido un tema recurrentemente usado en la carrera presidencial de este año.

Sumado esto a ello, los anuncios de su anterior campaña a la presidencia de querer dar beneficios carcelarios a parte de los detenidos en Punta Peuco (complejo penitenciario VIP donde se concentran ex funcionarios de la dictadura), avivó la sospecha de una mano amiga para el victimario de Diana Aron.

Apoyar a Kast, pues sería algo antijudío por extensión, y por cierto, la única opción “moral” sería apoyar a Boric. Esa ha sido la lectura que han intentado posicionar algunos elementos marginales de la izquierda judía santiaguina.

Sin embargo, al querer vengar la muerte de Diana, se olvidan de honrar su vida.

Diana Aron no se convierte en heroína judía por su muerte, sino por su vida, por haber venido a los 16 años a Israel, como voluntaria, cuando el Estado de Israel, puesta en riesgo su existencia por el ataque de múltiples Estados Árabes sobre él. El año 1967, pide ayuda a los judíos del mundo, y Diana, junto a un grupo de jóvenes chilenos y del mundo entero, deja todo, y se embarca a un viaje largo e incierto a Israel.

Aquí, fue voluntaria en un Kibutz, rol destinado mayoritariamente a los jóvenes que llegaban del extranjero, aquí también, se enfermó y pasó una larga temporada recuperándose hasta que pudo volver a Chile.

Diana fue una sionista, una amante de Israel.

¿Estaría realmente Diana contenta de que los judíos de Chile apoyaran a un candidato como Boric, que declara a Israel como un “país genocida y asesino”, y que pretende instaurar una ley de boicot contra él?

¿Estaría contenta de que los judíos apoyaran a una coalición que intenta boicotear a Israel en actividades culturales y comerciales en las municipalidades que ya controla, antes incluso de convertirse en gobierno?

¿Estaría contenta Diana que los judíos en Chile apoyaran una candidatura donde el antisemitismo fluye libremente?

Ciertamente no lo sabemos.

Los militantes del MIR, partido en el que militó hasta su desaparición, los que sobrevivieron, que no fueron muchos, evolucionaron en múltiples direcciones. La mayoría que siguió en política; en organizaciones de la sociedad civil, coherentes con su crítica al poder burgués instituido.

Pero nadie puede tomarse la voz de Diana, los muertos no hablan a través de nosotros.

Habrá pues que mantener un poco más de respeto, y dejar de usar el nombre de Diana para justificar cualquier causa de izquierda. Atenerse quizás a los datos conocidos; fue una luchadora social, una mujer sensible, amante de las palabras y la música, una idealista, una sionista, una mujer bella, amada y que amó intensamente.

Para ti las palabras del gran Dylan Thomas

“Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los d
édalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no ser
án destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habr
án de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallar
án.
Y la muerte no tendr
á dominio.”

Hernán López